Te pareces a tu mamá

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Te pareces a tu mamá

Escuchamos este comentario desde pequeñas, aunque el tono y la intención de estas palabras van desde el halago unas veces, hasta llegar a sentirlas como una ofensa en otras. En ocasiones nos agrada oírlas, otras nos incomodan hasta los tuétanos y nos preguntamos: ¿cómo es que yo podría parecerme a esa mujer que a veces me exaspera?, ¿cómo podría yo ser tan gritona, tan malhumorada, tan criticona?, ¿cómo podría ser yo tan sumisa, tan complaciente? Y otra serie de “tan… algo” que se nos ocurra.

Generalmente, cuando somos pequeñas nos agrada parecernos a nuestra madre y hasta jugamos a ponernos su ropa, a hacer lo que ella hace y otros juegos de imitación que, aunque no lo creamos, favorecen nuestro sano crecimiento. Es conforme crecemos que necesitamos diferenciarnos, y es en este proceso que empiezan las críticas y las desaprobaciones, por lo regular de ambas partes, y se va estropeando la relación madre – hija, llegando a desvalorizar la imagen materna sin apenas caer en cuenta que en este proceso también nos vamos desvalorizando nosotras mismas.

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Mirar a la niña en nuestra madre

 

En ese momento de “diferenciación” no nos damos cuenta de este proceso, somos pequeñas para entender y nuestra madre no siempre sabe cómo enseñarnos a separarnos de ella en amor y seguridad. La separación sana y la diferenciación son necesarias para nuestro desarrollo emocional, pero muchas veces no logramos hacerlo fácilmente y creemos que debemos condenar para lograr liberarnos. Actuando así sólo conseguimos el efecto contrario, que es copiar, sin darnos cuenta, aquello que nos desagrada.  Si no nos atrevemos a sanar la relación con nuestra madre y, a través de ella, con nuestro padre, seguiremos tratando de no ser como ellos e irónicamente nos pareceremos aún más.

Por lo general, tratamos a nuestros hijos de la misma manera que nos trataron: les damos la misma comida, las mismas costumbres, los mismos castigos, y así seguimos repitiendo. En ocasiones, hasta seguimos el mismo oficio o profesión.

Encontramos una pareja parecida a la pareja que nuestra mamá encontró, para hacerla nuestro padre, y corremos el riesgo de que el esquema se vuelva a repetir también en nuestra prole. Tal vez digamos “mi pareja no se parece”, “mi padre tomaba mucho y mi pareja no”, aunque si miramos bien, tal vez no tome pero sí fume, juegue o tenga otra afición, por no llamarle vicio. También podríamos decir “yo no conocí a mi padre y no puedo repetir lo que no conocí”, sin embargo, podemos escoger una pareja que se mantenga ausente aun estando cerca. Es muy fácil estar ausente, hay muchos pretextos: que si el trabajo, que si los amigos, que tiene otra familia o simplemente no se hace cargo, y ahí estamos nosotras, repitiendo el patrón que no queríamos repetir.

Y es así que empezamos a hacer las cosas de manera diferente – o al menos eso creemos. Tratamos de hacer lo contrario, lo que creemos nuestra madre nunca haría, y con un poco de regocijo pensamos que no nos parecemos en nada, pese a que estamos haciendo lo mismo, tal vez de otra forma, con otros actores, con otro guion, pero en el fondo es lo mismo.

Ver un poco más allá de nuestra propia madre, contemplar su historia, sus anhelos, sus sueños, sus frustraciones, sus esfuerzos, hacerla más humana a nuestros ojos y más cercana a nuestro corazón. Reconocer, valorar y aceptar que lo que nos dio nuestra madre es lo mejor que pudo darnos, aunque no sea lo que nos hubiera gustado recibir, nos ayuda a aprender a separarnos de ella con amor;  si somos madres, también nos ayuda a separarnos de nuestros hijos e hijas con la misma intención, con confianza de que les ofrecemos lo mejor de nosotras y con sabiduría, reconociendo que cada persona tiene su proceso de vida y debe seguirlo. Si logramos esto, podremos decir sin miedo “sí, me parezco a mi madre, y sin embargo, ella me enseñó a ser diferente. Soy única, soy Yo”.

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Reconociendo a mi madre, me reconozco a mí

Con amor,

Imelda Cépeda, Mujer Medicina y Psicóloga (terapias alternativas y complementarias) en Acompañamiento Emocional y Crecimiento Personal

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