Sintonizar con la Paz

Sintonizar con la Paz

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Cuando un número crítico de personas cambia su forma de pensar y de comportarse, la cultura lo hace también y comienza una nueva era.

Jean Shinoda Bolen

 

Las diversas religiones y culturas ancestrales siempre han enseñado que el cambio hacia un mundo mejor comienza con uno mismo, desde el interior; que el mundo exterior es un reflejo del interno, que porta cada uno de nosotros, y que la paz es algo que se sintoniza. Sin embargo, tras observar a distintos seres humanos con toda clase de heridas y desconexión con la vida, me doy cuenta de que no todos lo tienen claro. No estoy segura de que aquellos seres que viven alejados de la vía del corazón saben cómo “sintonizar” o “regresar” a un camino del cual, quizá, poco o nada conocen. Tal vez no es que no quieran hacerlo, es que no saben cómo.

Cuando juzgamos lo que no comprendemos, cuando no podemos relacionarnos con otras formas de ver la vida, cuando encasillamos a otro ser humano como “bueno” o “malo” inmediatamente le quitamos, desde nuestra verdad, su derecho a evolucionar. Cuando perdemos la fe en el despertar del otro perdemos la capacidad de ver que este instante y esta forma no es todo lo que es, es mucho más.

Es urgente aprender a relacionarnos con un profundo y genuino sentido del respeto y de la compasión hacia la “vida” y el “Ser”, creando el espacio suficiente para que el otro sea quien es sin escindirnos.

Creo que estamos en una era donde abundan los terapeutas, curanderos,  sanadores, magos, yogis, los hombres y mujeres medicina, buscadores de la verdad, de la paz, del camino del corazón, de aquel andar que nos recuerda quiénes somos verdaderamente. Y no es casualidad; vinimos a hacer una labor bien grande, aunque ojo, ¡no vinimos a salvar a nadie más!, pero no podemos darnos el lujo de dormirnos o distraernos, ya que cada granito de arena diario que dejamos al simplemente “Ser” en nuestro día a día, en nuestras relaciones con los demás, con nosotros mismos, con nuestro interior, y más profundo aún, en nuestra relación con la vida misma va inspirando a otros, va sanando nuestras relaciones, nuestro linaje, nuestro entorno. En algún momento, sin tener la intención de salvar ni cambiar a nadie, cada quien irá tomando su propia responsabilidad de despertar, e iremos acercándonos a esa masa crítica de personas con el peso suficiente como para hacer un cambio importante para el despertar de la consciencia.

Hacer más comunidad, sentarnos en círculos con un enfoque espiritual, darnos la oportunidad de conectar de ser humano a ser humano nos permite compartirnos esa sabiduría silenciosa y necesaria del corazón. Todo lo que tiene vida está interconectado con el todo, así que lo que cada uno haga nos influye a todos.

Tu labor para contigo mismo y para con el mundo exterior es tan minúscula como un granito de arena en el basto océano, y sin embargo es indispensable.

Con amor,

Ofelia G. Bojórquez, #MujerMedicina

Artículo publicado también en Renacimiento Mexicano

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