La presencia de la niña herida en la mujer

La presencia de la niña herida en la mujer

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No necesitamos ir muy lejos para encontrar a la niña herida en la mujer adulta. Se encuentra muy cerca de tus pensamientos, de tus acciones, de tus sentires. Constantemente está emitiendo sus propias señales para no ser olvidada.

Nacemos siendo una semilla con un enorme potencial, y los padres, como jardineros, asisten a su entender las necesidades que van surgiendo, ellos en el mejor de los casos van dando lo que pueden dar para que esta semilla en algún momento se convierta en algo más. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de que alguna de estas necesidades básicas que la semilla necesita no se vean cubiertas, cosas tan simples, como por ejemplo: las caricias, el cuidado, la atención, la limpieza, el juego, la alimentación y seguridad, entre otras muy comunes.

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La consecuencia natural de no recibir lo que necesitamos o de no hacer lo que nuestros impulsos necesitan hacer, es una clara represión emocional. Queremos lo que no nos dan, sentimos lo que nos prohiben sentir, hacemos lo que los otros necesitan que hagamos; así, de a poco y sistemáticamente, vamos construyendo una estrategia para sobrevivir ante las imposiciones sociales, culturales y religiosas.

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¿En quién tenemos que convertirnos?

La niña buena, la inteligente, la rebelde, la estudiosa, la problemática, la víctima, la luchona, la perfeccionista, la orgullosa, la indiferente etc, etc, etc…

Si queremos realmente reencontrarnos con esa niña herida, solo tenemos que voltear a ver nuestras relaciones, es ahí donde ella se proyecta, pues los otros son el espejo perfecto donde puede mirarse y reconocerse.

Reflexionemos en esto:ali-marel-428953-unsplash

  • Cuando eres soberbia con el otro, quizá detrás de eso, hay una niña no querida.
  • Cuando eres exigente con el otro, quizá detrás de eso, hay una niña que no ha sentido amor.
  • Cuando evitas el conflicto con el otro, quizá detrás de eso, hay una niña rechazada.
  • Cuando tratas al otro con enojo e ira, quizá detrás de eso, hay una niña abandonada.
  • Cuando tratas al otro con indiferencia, quizá detrás de eso, hay una niña excluida.
  • Cuando tratas al otro con apatía o desinterés, quizá detrás de eso, hay una niña fingiendo ser lo que no es.
  • Cuando tratas de maltratar a otro, causándole dolor, quizá detrás de eso hay una niña lastimada.

Danzar con nuestra niña

Son muchos los caminos que nos pueden llevar al encuentro con nuestra niña, y uno de ellos es a través de la corporalidad profunda, el espacio donde las memorias ocultas resurgen y las memorias dormidas despiertan. El cuerpo es entonces concebido como el libro sagrado donde se aloja la historia de toda la existencia, allí reside cada una de las vivencias en todas sus formas, su acceso no es a través de la razón, sino del cuerpo en movimiento.

El cuerpo que danza, despierta su alma

anne-kroes-575208-unsplashSe trata de que el cuerpo recuerde, para recuperar todas sus energías primordiales que posiblemente fueron reprimidas u olvidadas. Representa el viaje de regreso a casa, ya que implica el recuerdo del lugar donde venimos, con todo lo que vinimos.

La puerta de acceso a nuestra niña interior es el corazón. Este centro de energía, que en oriente se conoce como chakra anahatta, es el que está vinculado con el amor universal, las relaciones, los sentimientos, la apertura a la vida y la compasión. Es ahí donde podemos sumergirnos al maravilloso encuentro de esta niña, que tal vez en algún momento sintió rechazo, abandono, dolor de no ser lo suficientemente vista, acariciada, amada. Es en este lugar en el cuerpo donde estas memorias suelen revivirse para sanar.

¡Así que danza! Recuérdala, tómala de la mano para caminar con ella, juega, diviértela, atiende lo que cree que no tuvo, ámala, abrázala  y no la abandones más.

Con amor,

Claudia Saviñón, de Amaris, #MujerMedicina, Coach Transpersonal y facilitadora de Danza Primal 

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