La herida de la madre, un regalo

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Cuando se habla de empoderamiento femenino seguro que has escuchado que es fundamental trabajar todos aquellos aspectos que tienen que ver con sanar a nuestra niña interior, la niña herida. Sin embargo, muchos de los desafíos, obstáculos y dolores que experimentamos están directamente relacionados con la madre interior.

                                                                     

¿Qué es la madre interior?

Como mujeres, desde nuestra primera infancia hemos recibido directamente la herencia de nuestra madre real. En este sentido, la madre interior es un aspecto de nuestra psique que actúa y siente de igual modo a como lo hacíamos de pequeñas con nuestra mamá.

La herida de la madre es el cúmulo de memorias de dolor que habitan el útero y que se ha manifestado en todo nuestro linaje femenino, generación tras generación, a través de las sociedades patriarcales.  

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El útero es un lugar sagrado, simboliza el hogar, la vida, la fertilidad y la fuente creativa de la mujer. En él se gestan nuestros sueños, ilusiones y proyectos. Toda experiencia absorvida y/o no sanada en el útero se manifestará en forma de dolor, bloqueo, o bien, todo lo contrario. Por eso es tan importante cuidar y nutrir a nuestra madre interna, directamente conectada a nuestro útero y a todo lo que sembramos en él.

 

¿Cómo se manifiesta la herida?

– La mujer se cree inferior o sin derecho a vivir la vida que quiere. Durante muchas generaciones las mujeres se han sentido seres de valor solamente si legitimimaban su condición a través del matrimonio con un hombre.

– Cuando cede fácilmente ante la postura u opinión de los demás.

No se exige respeto: dejando de ejercer su derecho a hacer las cosas a su manera.

Auto-sabotaje: cada vez que decimos “sí”, cuando queremos decir “no”.

– Cuando se confunde ‘empoderarse’ con ‘masculinizarse’. Las mujeres sentimos que no podemos tener ciertas actitudes porque se consideran masculinas y, además, también tememos sentirnos competitivas por si alguien pudiera sentirse amenazado.

– Dejamos de ser, olvidamos la esencia. La mujer puede anularse de tal manera que llega a pensar, por ejemplo, que sentirse vulnerable o derrumbada es señal de debilidad.

– Se experimentan trastornos alimenticios, adicciones, depresiones crónicas o cíclicas, etc.

Culpa: la sensación constante de que “hay algo malo en mí”.

– Creer que como madres debemos ser amorosas, pacientes y serviciales todo el tiempo.

Cuando no crees que hay un lugar para ti en el mundo y que puedes ocuparlo cómodamente.

No sentirte merecedora de tu progreso y evolución en los diferentes ámbitos de tu vida.

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¿Cuál es el regalo de reconocer y honrar tu sagrado femenino?

Tal como escribe Clarissa Pínkola Estés en su libro ‘Mujeres que bailan con los lobos’:

Más que deshacernos de la madre, nuestra intención tiene que ser la de buscar a una madre sabia y salvaje. No estamos y no podemos estar separadas de ella. Nuestra relación con esta madre espiritual tiene que girar incesantemente, tiene que cambiar incesantemente y es una paradoja. Esta madre es la escuela en la que hemos nacido, una escuela en la que somos simultáneamente alumnas y profesoras durante toda la vida. Tanto si tenemos hijos como si no, tanto si cultivamos el jardín como si cultivamos la ciencia o el vibrante mundo de la poesía, siempre tropezaremos con la madre salvaje en nuestro camino hacia otro lugar. Y así tiene que ser.

Cuando decidimos conectar con nuestra naturaleza instintiva iniciamos un potente viaje de sanación, de regreso a nuestra propia luz. Estas expresiones tan a la orden del día como despertar, empoderamiento femenino, conexión con nuestra divinidad, etc., son, en realidad, una invitación para abrazar a nuestra madre interior, a la madre que ha vivido tan apartada, en la sombra. Se trata pues, de integrarla, con paciencia y compasión.

Enfrentarse a ese dolor no es fácil, pero es necesario. Una herida siempre deja cicatriz, por pequeña que sea. Quizá la madre real haya lastimado mucho a la hija, pero en este proceso de reconstrucción sus raíces, al igual que un árbol, crecerán más fuertes y sanas, dando paso a una niña consciente, luminosa, próspera… a una mujer feliz.

Este es el gran regalo, el milagro de tu propio crecimiento interior, de una vida experimentada desde la consciencia, el amor y la esperanza. Una vida más libre, más auténtica, más TÚ.

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Con amor,

Nur C. Mallart, Mujer Medicina, Escritora y Terapeuta Holística en El Manantial Sagrado

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