El padre y la energía masculina en la mujer

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Somos manifestación de movimiento yin-yang, masculino-femenino, luz-obscuridad, hemisferio izquierdo-derecho.

Hombres y mujeres contenemos ambas energías y estas en su conjunto juegan un papel fundamental, tanto en nuestro cuerpo físico, como en nuestra psique.

Los atributos de la energía masculina (que en su generalidad es más acentuada en los varones) se distinguen por acciones o conductas como: la iniciativa, la búsqueda, emisión, penetración, tensión, fuerza física, dureza, acción, pensamiento, renovación, percepción de la individualidad, pensamiento racional, análisis, discriminación de las partes, tiempo, concepto. Y se presenta en rasgos físicos como: líneas rectas, ángulos y puntas, su arquetipo es el espermatozoide y la metáfora es la flecha tensa.

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De esta forma se puede concebir, en un sentido básico y primordial, que desde el momento de la concepción de cada ser humano tomamos lo masculino de papá y lo femenino de mamá. La relación entre nuestros padres es la matriz original de la cual extraemos los modelos de femenino y masculino y la relación entre ambos principios.

Tomar la energía de papá o la energía masculina es importante para realizar acciones específicas, por ejemplo: si tengo que escalar una montaña, explorar un espacio, salir al mundo exterior, actuar sobre otros, cumplir un objetivo o una meta, analizar racionalmente una situación, preservar la individualidad, etc. Muchas actividades del día a día requieren apelar a esta energía. Sin embargo, es importante comentar que esta energía a su vez tiene una dualidad que va desde lo funcional a lo disfuncional; entonces, cuando operamos desde lo disfuncional tendemos a separar, alejar, abandonar, atacar, generar distancia e indiferencia, inhibir la solidaridad, cuartar el desarrollo del sentido de pertenencia.

Lo que determina la influencia funcional o disfuncional de esta energía en nosotras son muchos factores: operan las creencias, estructuras de pensamiento, el ambiente cultural y social en donde crecemos, y en una gran medida lo que adoptamos de la imagen de papá que tenemos, haya estado o no presente en el núcleo de la familia.

La consecuencia principal de no integrar a papá y la energía masculina en nuestras vidas, se detonará en nuestras relaciones, y sobre todo en nuestras relaciones de pareja; son evidentes los conflictos que surgen a la superficie mostrándonos el aspecto interno que requiere asistencia. 

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¿Cuándo entras en conflicto con otro, que genera en ti: ataque, confrontación, indiferencia, distancia, abandono?

Desde la mirada del coaching transpersonal, estas últimas conductas pueden ser un indicador de que algo interno hay que atender. La energía masculina es mirada como un aspecto o un personaje que tiene vida propia, y su relación interna es proyectada al exterior con nuestras relaciones.

Así mismo, todos los conflictos no resueltos de nuestra infancia con los padres tarde o temprano serán mostrados en otros escenarios de la vida.

Te invito a observar detalladamente tu ambiente de trabajo, o tu relación de pareja. ¿Identificas alguna similitud, con la relación con papá? Son los escenarios más evidentes, pero pueden mostrarse en muchos otros.

La sanación del vínculo con nuestros padres constituye una condición indispensable en todo proceso de sanación y desarrollo espiritual.

Te invito entonces a explorar, a viajar hacia tu interior. Busca un lugar para estar sola, y en una postura meditativa, con los ojos cerrados, trae a tu mente una imagen o recuerdo con papá; si por alguna razón no estuvo presente, crea esa imagen, deja volar la imaginación. Colócate frente a esa imagen y cuéntale todo lo que te gustaría decirle:

Arrodíllate ante su presencia, honra su vida en ti, reconoce que quizá tuvo acciones que te hicieron daño, que te lastimaron, y reconoce también toda esa herencia masculina, esa herencia de energía yang que depositó en ti.

Donde sea que estés papá, escucho tu alma a través de la mía.

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Deja que surja un diálogo desde el lugar del alma, donde no hay prejuicio, reclamo, culpa, perdón, ni conflicto. Utiliza tu intuición para cerrar el ejercicio, podrás sentir claramente cuándo es el momento para despedir esa imagen y terminar con la experiencia. Recuéstate para registrar en tu cuerpo, solo sintiendo si algo distinto ocurrió.

Tanto la danza primal como el coaching primordial nos ofrecen una gama de posibilidades para poder integrar y sanar la relación con nuestros padres, todo en función de la integración que nos regresa bienestar y mejor cuidado de nuestras relaciones.

¡Felicidades a todos los padres que sin duda tocan nuestro corazón!

Con amor,

Claudia Saviñón, Mujer Medicina, Coach transpersonal / facilitadora de Danza Primal en Amaris

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