¿Cómo sanar mi padre interior?

¿Cómo sanar mi padre interior?

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¿Cuál es tu historia? Creo que todos podemos sentir la importancia de una presencia de calidad de parte del padre en nuestra vida, o de la figura masculina que lo sustituyó o que se formó de distintos modelos. La forma en como recibimos y percibimos su existencia puede determinar en gran escala nuestra manera de existir en la vida, de relacionarnos con el amor propio, para con otros y con la vida misma; determina considerablemente todo aquello que engloba el arquetipo del padre.

Arquetípicamente, entre muchas otras cosas, la figura del padre esta íntimamente relacionada con la confianza/desconfianza ante nuestras propias capacidades y con la figura de poder/autoridad, de protección.

He escuchado a muchas personas decir que su personalidad se debe a que su padre se comportaba de cierta manera con ellos, o porque simplemente estuvo ausente, me llegué a escuchar a mí misma decirlo.

La gran bendición de ser adultos es la capacidad de tomar en nuestras manos el poder de decidir si quedarnos con esa historia y seguir viviéndola, o darle un giro importante.

No solo existen tus padres de forma física, sino también tu padre interno, tu madre interna, tu niño interior; y desde ahí es de donde puedes tomar las riendas de tu vida, reconociéndolos primero en dónde se encuentran, cómo están comportándose dentro y fuera de ti.

En medida en que te des la oportunidad de observarte sin juzgarte, de tomar decisiones justas sin demandarte, de alentarte a cumplir tus metas sin defraudarte, de ser firme sin ser dura contigo; cuando en lugar de ser autoritaria y descalificadora puedas ser cálida y afectuosa y poner límites amorosos, entonces estarás poniendo en acción a tu padre interior sano.

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Sanar a tu padre interior puede ser un proceso de vida, pero solo puedes lograrlo si comienzas y caminas día a día con la intención de hacerte a ti misma de una estructura sana.

Cuando no sé qué hacer, cuando no tengo la voz de una figura paterna fuera de mí que me “reafirme mi valor”, me pregunto: ¿Qué haría un hombre que me ama incondicionalmente? ¿Qué me aconsejaría el padre más amoroso de este planeta? ¿Qué querría para su hija más amada?

Dicen que los límites también son una gran prueba de amor, tal vez porque cuesta mucho trabajo establecerlos y cumplirlos. Muchas veces amarse a una misma requiere ponernos límites, y los límites cuestan trabajo, esfuerzo y dedicación.

El padre que yo tengo interiorizado, es el padre que me apoya, me alienta, me aconseja en lo que es mejor para mí, me abre nuevos horizontes de desarrollo, me invita a la entrega total en cada faceta de mi vida. Me enseña a saborear la vida y a degustar hasta la última gota del cáliz de la experiencia. Me enseña a cuidarme cada día más en lo físico, lo emocional y lo espiritual. Me arrulla en las mañanas cuando despierto, me acompaña durante el día en lo cotidiano y cuando tomo conciencia de lo interiorizado que lo tengo, tengo mucha fuerza y mucha seguridad. Todo esto lo llevo callado y por dentro, porque es algo muy religioso, religioso en el sentido de religarse de unión íntima y extática, de éxtasis. 

Cuando tomamos conciencia  de que todos somos hijos del universo y que estamos siendo cuidados por él. Que todos somos una parte de la energía creativa que lo crea todo. Yo creo que esta conciencia nos hace tener más respeto hacia todo y valorarnos más a nosotros mismos; pero no en el sentido egoico (del ego), sino en el sentido de tomar conciencia de nuestra comunión con todo lo que existe. Somos polvo de estrellas encarnado, por decirlo de alguna manera.

– Pepa Campos

Debemos aprender a acompañarnos como nos hubiera gustado que nuestro padre lo hiciera. Definitivamente agradeciendo lo que hubo, lo que no hubo y lo que hay a partir de ello. Ahora es nuestra labor alimentar esa parte dentro de nosotras. Desarrollar y seguir alimentando ese amor para seguir solidificando nuestra autonomía, nuestra independencia. 

Como diría la abuela Margarita, “cuando necesito algo, me lo pido a mí misma”.

Con amor, Ofelia G. Bojórquez, fundadora de Mujeres Medicina

 

Fuente: Mi padre que me dio la vida y mi padre interior

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