Bailando con el sagrado femenino

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Trabajar tus aguas profundas implica un alto grado de compromiso contigo misma, mucha búsqueda, introspección, lágrimas, amaneceres en vilo y desvelos varios. Adentrarte en él requiere, además, trabajar tu horizontalidad y empezar a dar espacio a los atributos femeninos: la vulnerabilidad, la fluidez, la empatía o el sostener desinteresadamente al otro, entre muchas otras bendiciones.

A veces necesitamos que nuestro sagrado femenino entre como un torbellino, como un huracán que tiene que arrasar todo lo construido para ocupar su merecido espacio.  Pero en el eterno equilibrio al que el universo nos lleva, tarde o temprano este masculino rezagado, que ha cedido espacio a la feminidad más expansiva y alborotadora, viene a llamarnos y a reclamar su espacio. Y bendita llamada.

Ahó Sagrado Masculino. Bienvenido.

Para integrar, para descubrirnos, una de las mejores herramientas es la danza. Y no se trata de saber bailar o ser bailarina, se trata de llevar las emociones al cuerpo, de sentirlas y de dejar que se reflejen tu cuerpo, tu brújula y tú templo. Y de pronto te descubres bailando en la cocina de casa, descalza, y empiezas a notar que tu cuerpo pide límites, fuerza y disciplina mezclados con empatía, suavidad y vulnerabilidad, y te das cuentas que todo está en perfecto equilibrio en ese baile.

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Síntomas de que nuestras polaridades quieren reajustarse para bailar juntas:

1.- Cuando existe dificultad para tomar decisiones y sostenerlas. La energía femenina nos enseña a fluir y a navegar en mareas altas y bajas, pero cuando notamos que queremos empezar a enfocarnos y centrarnos más en cosas concretas es hora de dar paso a nuestro masculino fluyendo con nuestro femenino.

2.- Cuando empiezas a ponerte en el centro de tu vida y a trabajar el egoísmo sano. La fuerza femenina es sostenedora, sanadora, empática… un exceso de ella nos puede llevar a perdernos de nosotras mismas, mientras que sin ella nos podríamos sentir perdidas.

3.- Cuando sientes que eres demasiado condescendiente con las personas que te rodean, e incluso contigo misma. A nuestra parte más femenina a veces le cuesta ponerse límites. Es un mar desbordante de energías y emociones. Podemos acudir a nuestro masculino para crear diques y redirigir nuestras aguas.

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Qué bonito es dejarse despeinar, revolcarse, caer, gritar, soltar, coger fuerza, llorar, reír y sentir que todo lo que nos pasa pertenece a un perfecto orden. Aún cuando nos hallamos en la oscuridad, heridas, dolidas, tristes, increíblemente perdidas… más todavía en ese momento, solo respira, respira profundo y si puedes, descálzate y baila.

Con amor,

Enca Salguero, Mujer Medicina y Periodista, en  Enca Salguero 

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