¿Ayudas o Rescatas?

¿Ayudas o Rescatas?

Hoy en día es muy común ver que la sociedad nos esté incitando todo el tiempo a ayudar, a donar, o participar en alguna causa. Y eso está perfecto cuando nosotros tenemos la opción de decidir hacerlo, ya que parte de nuestra naturaleza humana consiste en expresar una actitud de servicio por causas externas, creando una gran red de apoyo y amor al prójimo, alineándose con lo más genuino de nuestro ser.

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Pero hay una confusión a nivel cultural, entre el concepto de ayudar y rescatar, y es aquí, donde me gustaría clarificar un poco las diferencias entre ellas, visto desde la perspectiva del Coaching Ontológico… o más bien, desde una perspectiva responsable. Hay veces que, según las circunstancias, queremos hacer el bien en nombre del “amor”, y comenzamos a dar consejos a otros, opinar sobre sus vidas y lo que deberían de hacer para mejorarla. Debido a que culturalmente muchos de nosotros tenemos la creencia de que “debemos ayudar a otros” y que esa es nuestra misión en la vida, solemos caer en la gran trampa del ego, que nos sienta en la orilla del tobogán, esperando la situación perfecta para dejarnos ir con esta creencia hasta el fondo, sin tener consciencia del daño que nos hacemos y hacemos a otros.

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 Tal vez a muchos de nosotros nos ha pasado que caemos en la sensación de querer ayudar a alguien, y nos sentimos muy bien cuando nace desde un espacio genuino. La trampa aquí es lograr ver la delgada línea entre ayudar y rescatar. Escuchar al otro o escucharme a mí. La visión de una persona que ayuda viene desde la curiosidad y el amor, en cambio, la visión de alguien que rescata viene de una perspectiva fragmentada con una jerarquía bajo la manga. Entonces, es cuando tomamos el rol de “rescatadores” y comenzamos a actuar desde personajes pobres, siguiendo el libreto principal llamado: “Yo soy el que cura, y tú eres el lastimado” o “Yo te rescato porque te veo jodido”.

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Lo más importante aquí es corregir nuestra percepción de lo que estamos viendo y crear una nueva consciencia de que si ya entramos a tomar el rol de “el sanador”, y ya estamos interviniendo a rescatar a la víctima, seamos conscientes y responsables de que la compasión que sintamos por esa persona venga de una posición de igualdad, donde podamos ver al otro fuerte, poderoso, en total completad, sano y perfecto. Regresarle su propia dignidad con solo una mirada, ya que muchos la han perdido en el camino, elevando nuestra percepción de alma con alma.

Visto desde un nivel, lo que proyectamos afuera es el testimonio de nuestro estado mental, tanto si vemos escasez, o vemos abundancia en otros, solo nos reafirma la condición interna en la que nos vivimos. Es por esta razón que al ver a otras personas frágiles, indefensas, jodidas o enfermas nos confirma que lo que vemos afuera, es lo que nos espejea nuestro interior, y lo proyectamos en la realidad que vivimos. Por esta razón vemos la pobreza, la enfermedad, el enojo en otros. Por eso que te sugiero que no pierdas el tiempo en querer cambiar el mundo, más bien elige cambiar de mentalidad respecto a él. Los juicios que emitimos acerca nosotros, es lo que proyectaremos sobre el mundo, y lo hacemos real, evidenciándolo y viéndolo en los demás.

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Es importante tener muy clara esta pregunta: ¿qué significa para ti amar a otros? Porque seguramente muchos caemos en la creencia de que amar significa que soltemos toda nuestra vida y hagamos sacrificios por la otra persona dando todo por el otro, o que debamos llorar su drama para demostrarles nuestro amor. En México nos sucede mucho, que crecimos identificados con ciertos personajes de telenovela barata, donde la madre mexicana se sacrifica por todos los hijos y ella se deja al final, terminando su vida frustrada porque no es correspondida según sus expectativas. Y esto nos deja en un papel muy peligroso, porque es justo aquí, donde estamos abandonándonos, dejándonos en la borda, descuidándonos, y colgándonos responsabilidades que no nos pertenecen. Esto no es amor.

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Una de las creencias típicas de muchos de nosotros es la de creer que no somos suficientes, o no somos importantes, y salimos al mundo pensando que lo que hacemos o lo que contribuimos de apoyo no es suficiente. Así, llegamos a la conclusión de que la única manera en que podemos darnos valor frente a otros es dejando nuestra vida en la línea por ellos. Saliendo desde una necesidad de complacer, terminamos drenados y agotados.

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Dar ayuda tiene ganancias ocultas, es aquí que existe el peligro de perdemos en la distorsión del rol del “rescatador”. El precio de esas ganancias se debe a que cuando ayudamos a otros nos sentimos importantes, valorados, superiores, y lo más importante, se debe a que cuando no nos sentimos muy bien en relación con nosotros mismos, preferimos estar al pendiente de la vida de otros, usándola para distraernos de la nuestra, olvidando que tenemos una vida propia. Bajo este nuevo prisma de ver a la ayuda y el rescate de diferente manera, lo más sano para crear una relación sólida sería entender que no podemos salir al mundo a rescatar a alguien cuando no nos lo han pedido, y saber de antemano que, si el otro no ha solicitado ayuda, tampoco está buscando ayudarse. Esto no quiere decir que haya un desinterés de nuestra parte, pero es la otra persona la que tiene que entrar en acción para cambiar, y si decide no hacerlo, nosotros tenemos que estar bien con su decisión.

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Respetemos la vida de otros. Lo único que se provoca con estas intervenciones, es que ellos sentirán como una especie de invasión, donde entramos a “corregir” sus vidas basado en un juicio nuestro, provocando que la persona se cierre, enviándoles un mensaje inconsciente de: “yo estoy bien y tú estás mal”, “vengo a corregir esto que tú haces/dices/piensas”, “veo algo malo en ti”, creándose así una gran separación y distorsión, y poniéndonos en una jerarquía superior, volviéndonos los dictadores de la vida de otros.

Si de verdad queremos ayudar, o si de verdad amamos al otro, debemos de entrar con nuevas distinciones a sus vidas, dando espacios de oxígeno en la relación, recibiéndolos con sus errores y equivocaciones. Aquí lo genuino para comenzar a ayudar, sería hacerles preguntas que vengan desde la curiosidad, como: ¿dónde estás?, ¿qué estás viviendo?, ¿qué posibilidades puedes abrir?, ¿qué quieres lograr?, ¿cómo te puedo ayudar? Donde realmente estemos contribuyendo en sus vidas, haciéndoles ver nuevas opciones y posibilidades, libres de juicio.

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Regresemos a nosotros y comencemos a vivir nuestras propias vidas, hagámonos responsables de ellas, y dejemos que los demás vivan sus propias experiencias. Cada quien está viviendo su proceso, y realmente no sabemos si lo que juzgamos como malo para la otra persona era lo necesario y perfecto que tenía que experimentar para su propio despertar y evolución espiritual. Alineemos nuestro corazón y filosofía, a tal punto de llegar a decirles: “¡no sé lo qué es mejor para ti, pero te acompaño incondicionalmente con mi amor y profundo respeto!”. Así, no les arrebataremos las experiencias de sus vidas, y daremos paso a que vean y conozcan algo de ellos mismos que necesitaban confrontar.

Daniela Medina Gómez

Life Coach del Proceso MMK Coaching de Alejandra Llamas.

Facilitadora y acompañante en sesiones de Coaching alineadas hacia la conquista de tu paz interior y niveles de consciencia.

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